sábado, 1 de febrero de 2014

Abebe Bikila, la leyenda descalza

Abebe Bikila
Abebe Bikila, natural de un poblado del norte de Etiopía, fue la chispa que encendió la oleada de campeones africanos en la maratón que todavía hoy siguen reinando en la mítica prueba. Lo más impresionante para muchos fue la manera que tuvo de 'destrozar' el récord mundial en su primera participación olímpica, completamente descalzo.

La vida de este gran atleta no está exenta de grandes golpes de azar, suerte, o quizá el destino que tan pronto como pone el camino de la esperanza y la fortuna ante personas tan excepcionales como luego se lo arrebata todo para subirlos en el pedestal del recuerdo intemporal de la gloria.

Abebe, a pesar de lo que fuera lógico, destacó en su juventud como un gran nadador e igual jinete en el juego nacional del Guna, parecido al hockey pero a caballo. Se alistó en el ejército etíope el cual estaba dotado de una fuerte filosofía deportiva para mantener a sus integrantes en buena forma física. Para eso desarrollaba regularmente actividades deportivas de diversos tipos, entre ellos la maratón.

Como venido por inspiración divina, Abebe despertó su curiosidad por el atletismo al ver desfilar a los componentes de su equipo olímpico en Melbourne'56. Tras sentir la gloria patriótica admirando este desfile, con sus colores, su bandera y el nombre de su país, Bikila supo que su destino estaba en el atletismo y en, algún día, representar a su país ante el mundo entero y alcanzar tan ansiado pedestal.

Las fuerzas armadas prepararon un evento deportivo en el que consiguió la victoria en la disciplina marcando un tiempo de 2h 39min y 50seg. Esto hizo que el entrenador deportivo sueco Onni Niskanen director de atletismo del ministerio de educación, se firara en él y comenzaran a trabajar juntos.

Una vez más, debido al plan que el Universo Padre TodoAbarcante estaba trazando o por capricho del destino, el atleta seleccionado por su país para competir en la maratón de los juegos olímpicos de Roma'60 sufrió una grave lesión. Esta fue la oportunidad que Abebe esperaba, las esperanzas de su país en la maratón se centraban el él.

Así comenzaron Bikila y su preparador un plan de entrenamiento intensísimo para afrontar tan importante evento y en tan poco tiempo. Aquí fue donde se iba a demostrar la increíble perseverancia y capacidad de superación de este atleta ya no tan joven, pues en 1960 viviría su 28 cumpleaños (no es un viejo, pero en la vida de un atleta olímpico ya debería haber despertado admiración). Este entrenamiento y la increíble voluntad y capacidad física de Abebe estaban dando resultados más que esperados cuando, otra vez por la varita del destino y días antes de la competición, una molesta ampolla en un pie del corredor hace temblar la esperanza nacional en la prueba del maratón.

Bikila toma una decisión. No padece ninguna dolencia muscular, se encuentra fuerte, sabe que su destino es hacer historia y está decidido a afrontarlo. Va a correr sin zapatillas. Lo único que le molesta de esa maldita ampolla es el rozamiento con su calzado deportivo. Debido a sus humilde procedencias, acostumbrado a llevar gran parte de su niñez los pies desnudos, y seguramente, por incluir sesiones de entrenamiento descalzo (esto no lo sé seguro, pero me lo puedo imaginar), no era un impedimento para él y la palabra abandono jamás llegó ni siquiera a asomarse por su cabeza.

Comienza la carrera, los propios atletas y el público se asombran al ver en tan dura prueba un participante completamente descalzo intentando abrirse hueco entre la multitud de deportistas de élite que luchan como fieras por  implantar un ritmo que pueda hacer vibrar a sus países y conseguir cada uno su victoria soñada, si no en el podio, en el plano personal. Tras los primeros 10 kilómetros Bikila consigue acercarse a las posiciones de cabeza donde un marroquí, un británico y un belga imponen un ritmo demoledor. Más o menos a la mitad de la carrera, el marroquí y Abebe se despegan de la cabeza y emprenden un mítico duelo hasta llegar al Obelisco de Axum, un monumento que el régimen fascista de Musolini robó del país etíope tras su invasión territorial. Esto es un chute de adrenalina para Abebe que se despega del marroquí y emprende su sprint hasta la victoria, descalzo, entre gritos y vítores. La historia te espera Abebe, vas a ser la inspiración de un torrente de atletas africanos que van a ser los reyes durante décadas en las largas distancias olímpicas. Has batido el récord del mundo en más de 8 minutos, se ha cumplido tu sueño, estás en lo más alto del podio con el oro, eres un ídolo para los jóvenes y no tan jóvenes atletas y no atletas de tu tierra y de todo el mundo, bravo Abebe.


La leyenda descalza


No conforme con su gesta, cuatro años después Abebe revalida su trono en Tokio'64. Se convierte en el primer maratoniano en ganar dos olimpiadas seguidas el oro en la legendaria prueba a sus 32 añacos de edad, esta vez con zapatillas (ya se sabe, si no las marcas se enfadan). Aquí corrió en solitario toda la prueba y consiguió bajar su propio récord. Lo increíble es que todo esto lo hizo habiendo sido operado de apendicitis semanas antes !! Tokio enloqueció, el mundo entero enloqueció. Era el indiscutible Rey de reyes en la categoría reina de la resistencia (válgame la redundancia).

Pero el destino iba a pronunciarse una vez más. No hay leyenda sin sufrimiento, y no hay ángel que no sea perseguido por un demonio. Tras las olimpiadas de México'68 y habiendo abandonado la carrera en gran parte debido al mal de altura, se acerca la imposición divina, la prueba más dura a la que se iba a afrontar el coloso, su verdadero destino. Un año después de estas olimpiadas sufre un grave accidende de tráfico quedando en silla de ruedas a pesar de los esfuerzos de su país por enviarle a los mejores médicos del mundo. Es imprescindible resaltar el increíble grado de honradez ante la vida, la impresionante fuerza de voluntad de tan excepcional atleta que tras ver desgarrada su carrera deportiva y su vida entera, tras vivir los peores momentos de su vida, dejó esta frase para la posteridad:

"Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos y fue su voluntad que tuviera el accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia" 
(Abebe Bikila)

En 1972 el Grande nos abandona definitivamente debido a un derrame cereblal causa de secuelas de aquel trágico accidente. Grande Bikila!!, tus logros quedan para la posteridad, la leyenda descalza vivirá para siempre en nuestros corazones.




Grande Abebe !
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